Qué es Tane
Tane (種) es «semilla» en japonés; el nombre completo, tanemaki (種まき), es «sembrar / esparcir semillas».
En una frase
Una app sencilla y gratuita para guardar tus semillas y compartirlas con quien quieras. Funciona sin internet y sin ninguna empresa de por medio.
Por qué hace falta
Hoy unas pocas empresas controlan gran parte de las semillas del mundo. Muchas están hechas para no volver a servir: dan una cosecha, pero sus semillas no germinan bien, así que hay que comprarlas otra vez cada año. Mientras tanto, las variedades de toda la vida —cultivadas y mejoradas durante miles de años— se están perdiendo, y con ellas el saber cómo cultivarlas.
Compartir semillas es de lo más viejo y natural que hay, pero en algunos sitios se ha vuelto complicado o hasta se multa (en Francia sancionaron a una asociación por repartir variedades que no estaban en la lista oficial permitida). Y quien las cuida lo hace hoy con libretas y hojas de cálculo.
Qué hace, y fácil
- Guardar — tu inventario de semillas: qué tienes, de qué año, cuánta, de dónde vino, con el nombre que tú usas (no hace falta saber latín). Igual para quien tiene cuatro sobres en un cajón que para un grupo con cientos de variedades.
- Compartir — dices qué ofreces; alguien cerca lo ve y te escribe, para regalar, intercambiar o vender si quieres. El trato lo cierras tú, directamente. Ninguna empresa se mete ni se lleva comisión.
Por qué es distinta
- Es libre y de todos. No es de ninguna empresa: cualquiera puede usarla, copiarla, traducirla o mejorarla, gratis y para siempre. Es más una receta que se comparte que un producto cerrado — a esto se le llama software libre. Y quien la mejore está obligado a compartir esas mejoras igual de libres, para que nadie pueda «cerrarla» después (eso es el copyleft).
- Funciona sin internet. Lo básico va aunque estés en el campo sin cobertura.
- Tus datos son tuyos. Tu información se guarda en tu propio móvil, protegida con una clave, no en los ordenadores de una empresa. No la vendemos ni la subimos a ningún sitio. Sin publicidad.
- Nadie la puede apagar ni controlar. No hay un ordenador central por el que pase todo: las personas se comunican directamente entre sí, como quien se pasa unas semillas de mano en mano. Por eso nadie puede censurarla ni cobrarte por usarla (eso es que sea descentralizada).
- Te fías por el boca a boca. Te relacionas con gente que conoces y con quien te recomienda gente de confianza —como siempre se ha hecho en un pueblo o en una feria— sin tener que dar tu nombre real ni tu teléfono si no quieres.
- En muchos idiomas. Para cualquier lugar del mundo, no para un solo país. La traduce gente voluntaria.
Para quién
Grupos y redes de semillas, huertos y colectivos, agricultores y agricultoras… y cualquier persona con unos sobres guardados. Para todas las edades, de 10 a 80.
Un nombre japonés
Tane quiere decir «semilla» (種); tanemaki (種まき) es «sembrar semillas». Y no es casualidad que el nombre sea japonés. En el Japón de hace siglos circulaban unos papeles impresos que prometían arroz: los emitían templos, comerciantes y almacenes —no un banco ni un poder central— y la gente los aceptaba de mano en mano, fiándose de esa promesa. Una red de intercambio sin centro, sostenida por la confianza, donde un trozo de papel bastaba para poner el arroz a circular. Siglos después, esa misma idea inspiró redes modernas como el WAT japonés (2000): un vale que cualquiera imprime y pone a circular, sin banco ni centro.
Tane hereda ese espíritu. Cuando compartes semillas puedes acompañarlas de un Plantare. El nombre juega con pagaré —la promesa de pago de toda la vida—, pero cambiando pagar por plantar: aquí no firmas un «pagaré», sino un «plantaré». Es la promesa de devolver, cuando puedas, una cantidad parecida de semilla libre. No es una compra ni una obligación: es el compromiso de mantener la semilla viva y en movimiento. Y como para devolverla hay que cultivarla, y al cultivarla se multiplica, cada gesto hace crecer el común en lugar de agotarlo.
En qué punto está y cómo ayudar
En sus primeros pasos. Se puede ayudar probándola en un grupo de semillas de verdad, traduciéndola, aportando lo que sabes de las variedades, o programando. No tiene ni tendrá precio: se sostiene con gente voluntaria, con las propias comunidades y con ayudas públicas a proyectos de interés común.
Idea de fondo: las semillas de toda la vida son un patrimonio de la humanidad —de todos y de nadie—. Frente a quien quiere privatizarlas, Tane busca ponértelo fácil para guardarlas, multiplicarlas y hacerlas circular.